Salvar. El registro bíblico muestra que a los antiguos israelitas se les enseñó el valor del ahorro. Se les dijo que dejaran de lado un diezmo (o un 10 por ciento) cada año para ser utilizados exclusivamente para asistir a festivales nacionales. (Deuteronomio 14: 22-27) El apóstol Pablo también alentó a los primeros cristianos a dejar de lado los ahorros cada semana para que luego pudieran aportar algo para ayudar a sus necesitados hermanos. (1 Corintios 16: 1, 2) La mayoría de los planificadores financieros fomentan el ahorro. Haga del ahorro una prioridad. Tan pronto como le paguen, deposite la cantidad que desea guardar en un banco u otro lugar para su custodia. Eso le ayudará a luchar contra cualquier tentación de gastar esos fondos.

Presupuesto. Esta es la única forma práctica de monitorear, controlar o reducir sus gastos. Un buen presupuesto le puede dar una idea de dónde va su dinero, y puede ayudarle a alcanzar sus metas financieras. Conozca sus ingresos y gaste menos de lo que gana. Aprenda la diferencia entre necesidades y deseos. En estas líneas, Jesús exhortó sabiamente a sus oyentes a “calcular el gasto” antes de emprender cualquier proyecto. (Lucas 14:28) La Biblia nos aconseja evitar una deuda innecesaria. – Proverbios 22: 7.

Plan. Considere cuidadosamente sus necesidades futuras. Por ejemplo, si usted planea comprar una casa o un apartamento, la obtención de una hipoteca a una tasa razonable puede ser una buena decisión. Del mismo modo, un hombre de familia puede sentir la necesidad de comprar vida, salud, discapacidad u otras formas de seguro para proteger a sus seres queridos. Teniendo en cuenta sus necesidades para el futuro también puede implicar la planificación para la jubilación. Proverbios 21: 5 nos recuerda que “los planes del diligente ciertamente hacen ventaja”.